Mi Testimonio

por Anónimo

Conocí la iglesia, me arrodillé ya casi desesperada porque deseaba bautizarme pero no obtenía o no entendía la respuesta del espíritu, y allí recibí una dulce paz que penetró hasta lo más profundo de mi ser y es ese testimonio que me sostiene hasta hoy. Este se ha renovado y fortalecido en varias ocasiones de mi vida y sobre todo cuando fuí maestra del curso 14 de escuela dominical de jóvenes, allí testificando a ellos, se renovaba mi propio testimonio domingo a domingo.

Deja su Comentario


caracteres restantes



 
(Su e-mail nunca será publicado)